Un día cualquiera…
Mi caminar era ligero y constante, el acerado de mi calle parecía terciopelo y el terciopelo de mi vecina parecía acerado, todo daba a entender que iba a ser un día perfecto. La cadencia de mi pisadas me llevó junto al río, con un simple vistazo se podía contemplar a la fauna y la flora del ecosistema marino. Un conjunto de peces se deslizaba entre la guarida de Aquaman y una lavadora, un paisaje magnífico. Incluso el pequeño Peter había crecido dos centímetros, con lo cual ya medía dos centímetros, todo un coloso. En poco tiempo me coloqué sobre mi objetivo, la entrada de mi trabajo, normalmente saludaba al portero del edificio y me adentraba en las fauces del gigante de hormigón, pero esta vez era diferente, me encontraba en mitad de una selva, ¿y cómo sé que estoy en mitad de una selva?, os preguntaréis, pues no lo sé, preguntárselo al autor del texto cuando dejéis los comentarios de la entrada. Llamé varias veces al tronco de la palmera, pero nadie me respondía, así que ...