El asesino metafórico. O no.
Una mujer entra en un local acompañada de su hijo. El hilo musical viaja sobre el ambiente beige del papel de pared y el polvo nativo de los setenta sobre los muebles de la tienda. La campana advierte de su entrada. -Buenos días señora, ¿en qué puedo ayudarla? -Buenos días, busco un abrigo para mi hijo. -Claro, pase por aquí. -Mamá, no necesito un abrigo nuevo. -¡Cállate Raúl! Claro que lo necesita. -Haz caso a tu madre, ella quiere lo mejor para tí. -¿Entonces por qué no estamos en las Bahamas? Empiezo a ser un tanto incrédulo en cuanto a la relación materno filial. -Hijo, ¡no seas descarado! -Esto seguro de que tu madre te llevaría encantada. -No lo crea, la navidad pasada pedí un ejemplar de “Un dios salvaje”, y a cambio recibí una edición infantil del Antiguo Testamento. Ahora no entiendo como un grupo de cristianos puede tener tanto pudo de convocatoria sin redes sociales. -¡Raúl! Te vas a probar el abrigo que ...