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sábado 3 de marzo de 2012

Una mente maravillosa.

Antuan Begrand nació a los cuatro años de edad a las afueras de París. A los siete años perdió a su madre, a los ocho a su padre, y a los nueve dejó de apostar.

Antuan siempre se interesó por la filosofía natural y las obras de Sir Isaac Newton, sobre todo las referente a la óptica. Debido a esto sacó un disco al mercado bajo el título de “Philosophiae naturalis principia mathematica & Opticks de tus ojos, marismas, salinas y otras cosas”, el disco era acústico y contenía veinte canciones que hablaban del día a día de Antuan antes de perder a uno de sus inseparables.

Antuan creció y su carrera como científico solista fue evolucionando, aparcó su comportamiento nómada para comenzar a cultivar la ganadería y estabular los cereales, desgraciadamente ese año hubo pocas lluvias y se le marchitaron todas las cabezas de ganado. Después de ese desencanto volvió a la ciudad para proseguir con sus estudios.

Una vez en la ciudad, la polémica lo persiguió. Famoso es su enfrentamiento con el gordo de su barrio por la autoría de la frase: “Yo pago como el que más y como como el que más”. Tras años de discusiones la polémica terminó cuando Antuan se dio cuenta de que Eric Standart solo era la imagen de una campaña de publicidad presente en las marquesinas de los autobuses de línea.

Ese altercado le hizo reflexionar y rascarse la espalda, en ese orden. Tras esos acontecimientos se centró en su carrera como científico.

El primer hallazgo de Antuan fue el descubrimiento de su segundo apellido, Gómez. A partir de ese momento pasaría a llamarse Antuan Bergrand Gómez. Pasó a formar parte del equipo de investigación de Fourier, quien le dio forma como científico al tener Antuan un sesenta por ciento de arcilla en su organismo. Desde ese momento hasta nuestros días no existen más datos reseñables el investigador, salvo que desapareció de su despacho dejando una nota:



Odio a Ned Flanders

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viernes 27 de enero de 2012

La pastilla roja.

Este es un extracto de una carta de mi fontanero al vicedecano de su orden. Encontré el escrito en su mano derecha.

“A pesar de solo haber llegado a un décimo de la vida que voy a vivir, tengo pensado llegar hasta los doscientos noventa años de edad con plenas facultades sexuales, necesito hacer una pequeña retrospectiva sobre mis tiempos pasados, sobre el pretérito de mis pensamientos y mis actos. Así me lo ha recomendado mi terapeuta.
Creo que todo empezó con cinco años. Una mañana en el patio del colegio fui consciente de la diferencia existente entre mi persona y el resto de mis compañeros. Tras una larga reflexión, y varios bocados a mi bocadillo, terminé por aceptar que me había equivocado y que aún estaba a tiempo de saltar la reja y ser libre para escapar de la perrera que confundí con mi colegio. En efecto, era el alumno más despistado que las orlas de mi escuela hubiesen contemplado nunca.
Seguí creciendo, aunque nunca me compré ropa nueva, y cada vez estaba más convencido de que mi lugar no estaba entre pizarras y libretas, el día que se rompió la tubería que vehiculaba el agua bajo mis pies y el de mis compañeros vi mi destino. Si dudar ni un solo instante me lancé a reparar la tubería con la bufanda de mi compañero de pupitre, a pesar de que no fui capaz de desanudarla de su cuello.
A raíz de ese día me decidí a entrar en la escuela Politécnica de Astrofísica, Bombones y Tuberías. La HMUDA.
Mi primer día fue excitante, conecté rápidamente con mi compañero de pupitre y el enchufe de la pared, estuvimos quince días en la unidad de quemados de élite del hospital Virgen de la Magdalena y el Café de media mañana. Sanamos las quemaduras y participamos en diez misiones de rescate en aguas de Somalia. Es lo que tiene el copago sanitario.
Tras volver a la escuela viví grandes jornadas docentes.


Miguel: ¿De dónde te viene esa afición por la fontanería?

Adolfo: Es algo innato, nací con esa sensación de tener que desatascar todo el lavabo que veía.

Miguel: Pienso que es un don nacer con ese tipo de aptitudes.

Adolfo: Yo pienso que nacer es un don.

Miguel: El sistema parasimpático también es un don. Imagínate que te tomas un café y te olvidas de respirar.

Adolfo: Pues tengo un leve dolor en el hombro, quizás sea el sistema parasimpático.

Miguel: No, tienes un titanosaurio de trece toneladas en la escápula.

Adolfo: Pues pensaba que era de la mochila.


Un par de años y varios segundos más tardes de esta conversación me convertí en titulado. Birretes al aire y una gran fiesta me despidieron de mis compañeros y aquel enchufe que me hicieron sentir como en la unidad de quemados. Un ambiente académico-barbacoa irrepetible.
Entré de lleno en el mercado laboral, me orienté hacía la investigación. En pocos años creé el bombón de praliné, el codo para las tuberías y el planeta Marte. Ahora los regalos tienen más peso en el día de los enamorados y el universo es mucho más estético, pedía a gritos algo con un tono rojizo.
Me tengo que arreglar para acudir a una cita. Se preguntarán como puedo asistir a una cita si estoy tendido sobre el suelo con esta nota en la mano... Ventajas de haber elegido la pastilla roja. Buenas tardes. votar