martes, 7 de enero de 2014

El conejo, la ferretería y el tipo despistado

Un tipo busca una ferretería por el bosque


-Buenos días, ¿tendría usted una caja de tornillos?

-Pues mire... lo cierto es que no. No sé si se ha fijado, esto es una madriguera y yo soy un conejo.

-¿Entonces no es una ferretería?

-No, antes fue una tienda de cigarrillos electrónicos pero un virus transmitido por el e-ncendedor acabó con toda la clientela.

-Comprendo, ¿entonces no tendrá unos tornillos?

-Lo siento, quizás si pregunta en el panal...

-¿Alguna vez le han dicho que se parece a Alfonso X?

-Sí, soy un conejo con muy buena planta. Si no es mucho preguntar... ¿para que quiere los tornillos?

-Voy a montar una empresa y los necesito para una de las estanterías.

-Vaya, ¿podría darle mi currículum? Resulta que esta misma semana terminé un curso de ofimática y necesito trabajar. Tengo que darle de comer a una camada de gazapos y a mi señora, además tengo a la cuñada en casa con sus gazapos. Treinta y cuatro en la madriguera.

-Claro, démelo.

-Aquí tiene.

El hombre ojea el currículum.  También se rasca la pantorrilla.  La ensalada César está deliciosa.

-¿¡Fermín!? ¿¡De la escuela de paracaidistas de Alcantarilla!?

-El mismo... un momento... ¿¡Antonio!?

-¡Fermín X El Sabio!

Tras múltiples abrazos y recordatorios de años de parranda el hombre y el conejo acabaron de copas en un local del bosque, “El hidromiel”. El hombre murió de mixomatosis.
El conejo nunca fue el mismo, terminó montando una empresa de ofimática.
Su gazapo primogénito montó una ferretería.

2 comentarios:

  1. ¡Y consigues hacerme pensar y todo con esta historia surrealista! Qué bueno eres...

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  2. Gracias, Salvador. El conejo tiene un toque dado...

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.