martes, 8 de febrero de 2011

Mad Men.

Tenía pensado escribir este texto en tercera persona, pero como no he encontrado a quien parasitar tengo que limitarme a escribirlo en primera persona, aunque ahora que lo pienso… no voy a seguir inundando vuestra materia gris con mis divagaciones.

Ayer tuve un día ajetreado en la oficina, a primera hora de la mañana apareció un cliente demandando mis servicios. El tipo vestía con estilo, muy elegante. Traje y corbata en tonos tierra, un bastón de madera de roble, gemelos a juego y unos zapatos con forma de cabeza de tigre acolchados para el invierno. Muy elegante si no fuese por el sombrero de ala ancha, un tanto sórdido desde mi punto de vista.

Sin dejarme mediar palabra se avalanzó sobre mis sentidos, el individuo bailoteó para presentarme su producto, había venido a mi oficina con la intención de que crease una nueva línea publicitaria para vender sus zapatos.

Al ver bailar a ese individuo comprendí que los oligofrénicos saben bailar igual de bien, aunque no lo parezca.

El tipo hablaba, hablaba, hablaba, y luego hablaba. Mi dolor de cabeza aumentaba conforme el volumen de sus palabras crecía, así que decidí levantarme y echarme una copa de coñac, afortunadamente el alcohol liberó parte de mi angustia.

Pero no totalmente, así que decidí tirarlo por la ventana, 37 pisos de caída libre, a excepción de la segunda planta donde se encuentra instalada una osocracia, el plantígrado entró de becario y se hizo con el control de la empresa de salmones.

Acto seguido la secretaria entró en el despacho gritándome:

-¡Estoy harto de tí! Es el vigésimo cliente que matas en los que va de mes, ¡te he dicho mil veces qué no trabajas aquí!

-Ann, debería decirte que si te quise, fue por razones ajenas a la organización.-

Su respuesta fue rápida, concisa, y en forma de cenicero arrojado a mi cabeza.

Agarré mi abrigo y partí hacía mi casa. A los pocos minutos de estar sentado en mi sofá la policía entró en mi casa derribando la puerta con el consiguiente numerito de pistolas, discurso legal y bailoteo a ritmo del piano, pero mi respuesta a la autoridad fue clara:

-Es posible que una vez encienda la Playstation jamás quiera volver a hablar contigo, ni con nadie-.

17 de junio de 1957

Mad Men.

5 comentarios:

  1. Concuerdo con los actos impuestos por su irascibilidad, dado los percances de las economías del hoy, los mercados nos deberían llevar a eliminar menos clientes, controle sus impulso y juéguele una partida PES2010 al juez por su liberación.

    Un abrazo.

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  2. JAJAJAJAJAJAAAA! Tomaré nota de no ir a tu oficina, entonces!
    Que delirios!
    Besos Gin!!

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  3. >Jajaja. Muy buena la entrada.

    Aquí otra seguidora de las pelis de Meg Ryan, el zumo de melocotón, y sobre todo, sobre todo de los atardeceres :)

    Un saludo!


    Peripecias y extravagancias de una Veterinaria:
    iriabellas.blogspot.com

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  4. Eso, eso, no reprimas los impulsos que luego salen sarpullidos. Viva Madmen, adoro esa serie. Un abrazo.

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  5. no se que decir
    me encanta mad men

    pero comopones ese comentario de lo de jenifer pues te digo algo
    un beso

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.