viernes, 27 de enero de 2012

La pastilla roja.

Este es un extracto de una carta de mi fontanero al vicedecano de su orden. Encontré el escrito en su mano derecha.

“A pesar de solo haber llegado a un décimo de la vida que voy a vivir, tengo pensado llegar hasta los doscientos noventa años de edad con plenas facultades sexuales, necesito hacer una pequeña retrospectiva sobre mis tiempos pasados, sobre el pretérito de mis pensamientos y mis actos. Así me lo ha recomendado mi terapeuta.
Creo que todo empezó con cinco años. Una mañana en el patio del colegio fui consciente de la diferencia existente entre mi persona y el resto de mis compañeros. Tras una larga reflexión, y varios bocados a mi bocadillo, terminé por aceptar que me había equivocado y que aún estaba a tiempo de saltar la reja y ser libre para escapar de la perrera que confundí con mi colegio. En efecto, era el alumno más despistado que las orlas de mi escuela hubiesen contemplado nunca.
Seguí creciendo, aunque nunca me compré ropa nueva, y cada vez estaba más convencido de que mi lugar no estaba entre pizarras y libretas, el día que se rompió la tubería que vehiculaba el agua bajo mis pies y el de mis compañeros vi mi destino. Si dudar ni un solo instante me lancé a reparar la tubería con la bufanda de mi compañero de pupitre, a pesar de que no fui capaz de desanudarla de su cuello.
A raíz de ese día me decidí a entrar en la escuela Politécnica de Astrofísica, Bombones y Tuberías. La HMUDA.
Mi primer día fue excitante, conecté rápidamente con mi compañero de pupitre y el enchufe de la pared, estuvimos quince días en la unidad de quemados de élite del hospital Virgen de la Magdalena y el Café de media mañana. Sanamos las quemaduras y participamos en diez misiones de rescate en aguas de Somalia. Es lo que tiene el copago sanitario.
Tras volver a la escuela viví grandes jornadas docentes.


Miguel: ¿De dónde te viene esa afición por la fontanería?

Adolfo: Es algo innato, nací con esa sensación de tener que desatascar todo el lavabo que veía.

Miguel: Pienso que es un don nacer con ese tipo de aptitudes.

Adolfo: Yo pienso que nacer es un don.

Miguel: El sistema parasimpático también es un don. Imagínate que te tomas un café y te olvidas de respirar.

Adolfo: Pues tengo un leve dolor en el hombro, quizás sea el sistema parasimpático.

Miguel: No, tienes un titanosaurio de trece toneladas en la escápula.

Adolfo: Pues pensaba que era de la mochila.


Un par de años y varios segundos más tardes de esta conversación me convertí en titulado. Birretes al aire y una gran fiesta me despidieron de mis compañeros y aquel enchufe que me hicieron sentir como en la unidad de quemados. Un ambiente académico-barbacoa irrepetible.
Entré de lleno en el mercado laboral, me orienté hacía la investigación. En pocos años creé el bombón de praliné, el codo para las tuberías y el planeta Marte. Ahora los regalos tienen más peso en el día de los enamorados y el universo es mucho más estético, pedía a gritos algo con un tono rojizo.
Me tengo que arreglar para acudir a una cita. Se preguntarán como puedo asistir a una cita si estoy tendido sobre el suelo con esta nota en la mano... Ventajas de haber elegido la pastilla roja. Buenas tardes.

2 comentarios:

  1. Y es que cada vida es un mundo ¿surrealista? ¡qué va! La realidad supera plenamente a la ficción... Aunque lo del enchufe es como para mirárselo jejeje. Un abrazo, amigo.

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  2. La roja no! nunca!
    Me alegro haberte recordado y haber vuelto aquí. Todo sigue acarcajado como lo dejé ;)

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.