domingo, 27 de marzo de 2011

Galenos.

Comencé a sentirme indispuesto nada más deshacerme de las mantas, así que tras desayunar tomé el camino hacía el ambulatorio más cercano e hice todo lo posible para que mi matasanos de cabecera me atendiese cuanto antes, había cuatro ancianos delante mía, así que me tocaba esperar.

La persona que se encontraba a mi lado derecho no tardó mucho tiempo en contarme el motivo de la visita al doctor, al parecer padecía algún tipo de dolencia que le hacía transformar cualquier tipo de gobierno en una dictadura bananera, yo le indiqué que lo más aconsejable sería que me dejase tranquilo, su afección no remitiría pero yo no tendría que escucharlo, el tipo no me hizo caso y yo me volví hacía mi otra derecha. Mi sorpresa fue enorme, allí se encontraba el cuerpo de Vladimir Nabokov. Al parecer unas estudiantes de la E.S.O habían exhumado el cuerpo creyendo que habían encontrado al cyborg justiciero de sus noches en vela, sin embargo al comprobar que solo era un escritor lo dejaron en una cuneta, y claro, el ruso se había presentado en la consulta para poner fin a la migraña que lo aquejaba desde el momento de desentierro.

Tras un rato allí llegó mi turno, me levanté y entré en la consulta. Una vez allí el doctor me hizo unas cuantas preguntas, tras aclararle que el bloody mary tiene que llevar el punto justo de zumo de limón y un poco de tabasco pasamos a las cuestiones médicas. Mi aflicción era clara; tenía un dolor agudo en la parte derecha de mi costado, que me iba desde la cintura hasta el hombro. Después de comentarle esa cuestión el doctor comenzó a reconocerme, me dijo que había estado conmigo en la guardería, pero eso era del todo imposible ya que yo nací con 18 años.

El análisis de orina dio paso al de sangre y el de sangre a diferentes pruebas como hacerme combinar unos zapatos marrones con un jersey de punto blanco y una bufanda a juego. Ulteriormente el doctor pasó a interpretar el resultado de las pruebas, según su diagnóstico mi problema era que llevaba a un magistrado del tribunal supremo constitucional colgado del hombro desde abril de 1978, y claro eso había provocado un pequeño desajuste en mi sistema psicomotriz y en mi consumo de zumo de naranja y pelucas de magistrados, así que tras el diagnóstico me fue recetado una pastilla de ibuprofeno cada 8 horas y fuego, no soporto las pastillas.

3 comentarios:

  1. Cada nueva entrada de tu blog que leo me hace preguntarme si no serás en realidad Eduardo Mendoza de incógnito, o de "incoñito", como decían en aquella serie... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí! ¡Cosmos!

    Bueno, un saludo.

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  2. Pues yo hoy he reconocido el trazo de Gianni Rodari... La última vez que fui al médico lo hice por el gusto de hacer la cola y esperar a que dijeran mi nombre. Luego me marché. Se aprende mucho observando neurosis e hipocondrias. Un abrazo.

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  3. ¡Juas! ¡Toma ya!
    Flipo por un tubo, me encanta, te voy a seguir, bueno, mejor dicho, me voy a hacer seguidor de tu blog...
    Un abrazo.

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.