domingo, 23 de enero de 2011

La misión. Fin.

El sargento parte con presteza hacía la batalla de nuevo.

Capitán: Al fin y al cabo alguien tiene que arreglar la situación, no esperarán en el alto mando que provoque la guerra y encima tenga que solucionar la papeleta.

Soldado: Por no hablar de la deuda.

Capitán: (Acercándose al soldado) ¡Soldado! No permitiré otra insubordinación de ese tipo, quizás algún piropo, ¡pero nunca otro comentario como ese!

Soldado: A sus órdenes mi capitán.

Capitán: Además… yo no tengo la culpa de esta situación, acudí al banco para cambiar los muebles de la cocina y cuando me di cuenta estaba metido en una hipoteca para invadir un país.

Cabo: ¡Señor! Parece que el sargento regresa.

El sargento vuelve de la batalla sin los dos brazos.

Sargento: ¡Señor! He encontrado algo de hostilidad.

Soldado: (con ironía) Pues no sé a qué se referirá…

Capitán: ¡Sargento! ¿Queda enemigo con vida?

Sargento: Alguno queda… Señor.

Capitán: Pues salga ahí fuera y acabe con esta guerra.

Sargento: ¡Sí señor! (Se acerca a una escopeta para llevársela a la batalla)

Ramón L´Argent: Lo siento, pertenece al banco.

El sargento vuelve a marchar al frente.

Capitán: Suerte muchacho.

Ramón L´Argent: Capitán, su plazo se agota…

Capitán: No se le pueden poner plazos a la obra de un genio, terminaré mi trabajo cuando sea necesario, ni antes, ni después.

Ramón L´Argent: La obra de un genio es un 2% de genialidad, un 40% de trabajo, y el resto se lo lleva hacienda… Y ahí es donde entro yo, si me lo permite puedo hace que su genialidad esté a buen recaudo en un sucursal de mi empresa en las islas Caimán.

Capitán: ¡Ni hablar! ¡No me dejaré guiar por usted nunca más!

Cabo: ¡Señor! El enemigo cada vez está más cerca.

El sargento vuelve de la guerra reptando, sin piernas ni brazos.

Sargento: ¡Capitán!

Capitán: ¿Quién me habla?

Sargento: Aquí abajo.

Capitán: ¡Diablos! La aspiradora habla.

Sargento: No señor, soy su sargento de regimiento. Encontré algo de hostilidad señor.

Capitán: ¿Finalizó su misión?

Sargento: No señor, el enemigo tenía escalones.

El capitán, abatido, se coloca de rodillas mientras los misiles caen cerca del edificio donde se encuentran refugiados.

Capitán: (Con los brazos al aire) ¡Me veo derrotado! ¡La batalla llega a su fin y el enemigo nos rodea!

Ramón L´Argent comienza a moverse alrededor del capitán mientras susurra a su oído.

Ramón L´Argent: (en voz baja) Entrégamelo, entrégame tu guerra y todo llegará a su fin.

Capitán: ¡Nunca! ¡Antes la muerte!

Ramón L´Argent: Si no me la entregas ahora tendrás que pagar un 25% de interés de hipoteca los próximos treinta años.

Capitán: Tengo un bonito papel para envolver regalos en el tanque…

(Con el puño derecho en alto y voz llena de rabia)

¡Dichosa mi vida! ¡Dichoso será mi muerte! ¡A ti! Infortunio con traje y corbata te entrego mi destino, el de ser amo del mundo.

Ramón L´Argent se coloca delante de la figura del capitán y mirándole fijamente a los ojos…

Ramón L´Argent: Estimado capitán… Muchos intentaron, intentan e intentarán dominar el mundo; sin embargo solo unos pocos lo conseguiremos, (risa malvada) jajajajaja.

FIN


2 comentarios:

  1. Extraordinario final, digno de la saga, todavía conservo las sonrisas por lo de la “ASPIRADORA”, sencillamente ilustre mí estimado Gincrispi.

    Espero que usted haya cubierto su genialidad en alguna sede bancaria de las Islas Caimán.

    Un caluroso aplauso y mis más cordiales saludos.

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  2. JAJAJAJAJJAJAJAJA, IM-PE-CA-BLEEEE!!!
    Algo de hostilidad? Y el soldado regresaba sn brazos!!
    Y bueno, como toda obra del gran amigo "gaita", todo termina con un toque de humor e ironía.. muy necesarios por cierto, para encarar una semana calurosa e insoportable por este lado del mundo..
    Besazos guapo! Y gracias por estar siempre atento a mis histerias!

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.