miércoles, 20 de octubre de 2010

Abierto hasta el amanecer


Me encontraba en el salón Mesalina, el lugar donde mis sietes pecados capitales quedaban al amparo del crepúsculo para expresarse libremente, sin ataduras ni dudas morales.

Al poco de estar allí me agregué a una partida de póker. A los quinces años descubrí que tenía un problema con el juego, estaba sentado debajo de un limonero, y tras la caída de dos limones, permanecí treinta y siete días esperando a que cayese el tercer limón, sin embargo sólo cayeron unas cerezas y tuve que volver a mi casa habiendo perdido treinta y siete días y siete monedas incrustadas en el tronco del árbol.

La partida estaba formada por tres jugadores: el jugador apostado a mi derecha era el Conde Fregson, y el de mi izquierda el teniente de infantería Lord Svenson.

Yo, por mí parte sólo era una cobarde y empedernido jugador de cartas; pero ese no es el tema, volvamos a la partida.

El juego iba avanzando y las apuestas se sucedían, el Conde Fregson parecía un poco ausente, no cambiaba de cartas ni seguía las apuestas, quizás el hecho de que llevase tres días muertos influyese, pero como siempre fue de carácter atronador no me atrevía a preguntarle. Lord Svenson llevaba una buena cantidad de dinero apostada, y yo me estaba quedando en la ruin ruina. Aproximadamente a las tres horas de juego llegó la mano más importante, la que llenó mi vaso de vino, acto seguido comenzamos con la ronda decisiva.

Lord Svenson y yo habíamos apostado mucho dinero, el Conde Fregson por su parte permanecía en un silencioso y misterioso período de descomposición, lo cual no hacía más que aumentar nuestro estado de nerviosismo. Primero el Lord y después yo sucumbimos al poder mental del Conde, ambos tuvimos que retirarnos de la partida dejando todo el dinero en poder del Conde, el cual sólo llevaba una pareja de doses y unas cuantas pústulas.

Parece mentira, pero algunas veces en la vida es preferible llevar un buen farol antes que una buena mano.

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, Gin...a falta de una buena mano, enarbolemos los farones bien en lo alto.. o al menos, a la altura de la vista, no?

    Espectacular como siempre, me dio un poquito de impresión lo del Conde, pero en el marco de tu excelente relato, me lo pude imaginar todo sin tanto asquito, jajajaa..

    Te mando un beso, chaval!!

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  2. Una delirante escena de juego y misterios, es bueno llevarse consigo mismo, cuando la farola se extinga, la buena racha, las monedas y las esperanzas de otros.

    Un relato exquisito.

    Un fuerte abrazo

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  3. El juego es uno de los pasatiempos más necesarios para los que buscan la ruina con profesionalidad y talento. Si ganas jugando las cosas salen, paradójicamente mal. El juego nos permite acariciar la dimensión trágica de la vida. Tu historia me ha dado ganas de ir a sentarme en un limonero, como por ejemplo el del Ajuntament de Barcelona, ahí en vez de caer limones cae pasta, con lo que así puedo jugar más.

    Le comunico que he procedido a la incorporación de sus deliciosas propuestas en mi último texto. Quedo a la espera de su valoración, siempre tan necesaria. Si le parece adecuado, pronto proseguiré a adjuntarle tres ginideas para sus próximos trabajos.

    Un abrazo,

    VD

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.