miércoles, 4 de agosto de 2010

Isla Calavera

Era una mañana gris y sombría, el océano zarandeaba nuestro barco y el rumbo comenzaba a parecerse a la huella de una serpiente. Los chicos no se encontraban en óptimas condiciones, habíamos estado celebrando durante toda la noche el cumpleaños del contramaestre y ya os podéis imaginar; refresco de cola mezclado con refresco de naranja, sándwichs de nocilla, palomitas de maíz, en definitiva, todo un cumpleaños pirata.

Sin importarnos viento o ventisca, fieras abisales o la programación de Tele 5, mis piratas y yo partimos hacía la aventura, hacía nuestro destino: encontrar el cofre verde. Recorrimos miles de millas, cientos de países y decenas de culturas, y cuando caímos en la cuenta de que íbamos en dirección contraria nos dimos la vuelta. Cada amanecer que descubríamos nos acercaba a nuestro destino, para llegar a isla Calavera tendríamos que pasar por varios lugares peligrosos. En primer lugar isla Sístole, el hogar de los piratas cardiólogos, un espacio conocido por estar libre de colesterol y por las torturas a base de una dieta rica en vegetales hervidos. En otro punto del archipiélago se encontraba un señor sentado en una barca, a simple vista no parecía un gran peligro, pero se dice que ha sido capaz ver todas las películas de Mariah Carey en una tarde, e incluso todas la de Madonna, pero eso forma parte de la leyenda. Así que decidimos dar un pequeño rodeo para llegar a nuestro puerto, pero nos encontramos con un problema de última hora, un imprevisto que no aparecía en nuestros mapas. De repente un barco salió de la bruma, nos habíamos topado con unos piratas Kafkianos. La lucha fue dura, sólo los nihilistas escapamos al encuentro, mi tripulación estaba diezmada, sólo sobrevivimos siete de los once mil quinientos piratas que zarpamos. Los chicos, y un señor llamado Roberto que se empeñaba en ir desnudo por la nave, condujimos la embarcación hasta isla Calavera, cuando llegamos allí anduvimos por sus playas y laderas hasta dar con el cofre verde. Abrimos los sacos que cargábamos y depositamos el contenido dentro del cofre verde, por fin podríamos partir tranquilos, el cofre verde o como lo llamaban los nativos, punto de reciclaje de vidrio, había sido saciado. Recicla amigo.

2 comentarios:

  1. Me encanta, me encantaa!! jajaja genial metáfora, divertido tentempie de tarde de verano. Me has dejado la sonrisa en la boca, da gusto encontrar un tesoro como este entre tanto pirata busca-votos ;)

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por el comentario Alea, y recuerda la importancia de reciclar. :)

    ResponderEliminar

El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.