viernes, 17 de septiembre de 2010

Mi crisol.

Mi crisol

Desde pequeño siempre me gustó la cocina, al poco tiempo de estar entre fogones pude notar como las materias primas se convertían en bienes intangibles en el paladar de mis comensales, el flavor hipnotizaba sus sentidos y sólo volvían al presente cuando la vianda llegaba a su fin, pura vocación profesional entre mis dedos. Así que decidí ganarme la vida en la cocina, sin embargo nosotros éramos muy pobres, ni siquiera teníamos para nuestro propio sistema de valores, de hecho tuvimos que robárselo a una familia de holandeses que vivían cerca de mi calle, supongo que de ahí viene la afición de mi pequeño hermano por los arenques, como no podía pagarme mis estudios fui a ver a tío Claudio, un hombre acaudalado, un señor de la zona. Él tenía un dicho, “Si el camino es largo más corre el mastín que el galgo, pero si el camino es corto el galgo puede aprovechar un desgarro en el continuo espacio tiempo para tomarse una horchata”, nunca comprendí el refrán, pero mi tío me suministró el apoyo económico para mis estudios, así que no rechiste ni una sola de sus palabras.

Con el primer otoño que mi adolescencia contempló ingresé en la escuela de respostería, y mi sorpresa y admiración fue proporcional a mis ganas de aprender. El lugar era majestuoso, el suelo era imitación de mármol, para mí era algo nuevo y fascinante, nosotros no teníamos imitación de mármol, de hecho nosotros utilizábamos imitación de suelo para el piso de nuestra casa. Lo primero que aprendí en la escuela de repostería fue a llenar el tanque de combustible de mi coche, así que una vez repostado abandoné el lugar y me puse rumbo a la escuela de hostelería donde me había matriculado. Una vez allí pasé unos años maravillosos, aprendí a hacer platos y también a cocinar postres, estofados, tartas, sopas y un sin fin de comidas. Y hoy me encuentro aquí, con ochenta y dos años sentado sobre mi experiencia viendo como el futuro se acerca, algún días os comentaré como hice de comer para unos miles de hombres con unos panes y unos peces… Pero eso lo narraré otro día…

¡Qué levante la mano quien participe en Bitácoras.com! No sé a quien votar...

4 comentarios:

  1. Excelente relato señor Gincrispi, me ha gustado mucho las diferentes sutilezas, me haré de algún que otro rato para seguir su espacio, muchas gracias por acercarse por Bitacoras en el cual ya lo he votado con mucho gusto.

    Un fuerte abrazo!

    Jenifer López...jajaja usted me ha emocionado.

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  2. Buenísimo relato, como siempre Gincrispi! Estaba medio "chapita" el abuelo?
    Espero no llegar así...bah, espero no envejecer nunca y conservarme muy mona, como hasta ahora! jajaja
    Besos y que tengas un excelente fin de semana!

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  3. Barón: Gracias por la visita y el comentario. Nos veremos en más de una ocasión. :)


    Natalia: Se hace lo que se puede mujer. Al abuelo le gusta contar batallitas... :)

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  4. "...nosotros no teníamos imitación de mármol, de hecho nosotros utilizábamos imitación de suelo para el piso de nuestra casa"

    jjajajajaa

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.