miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Exorcismo de la calle One


Las luces de las farolas apenas eran capaces de romper la bruma que se había instalado en el número 1 de calle One, el silencio y un señor de dos metros dominaban espacio y el tiempo del lugar. Me bajé de mi carruaje y me dispuse a entrar en la casa del horror. Un señor llamado Igor, que había sido contratado por una empresa de trabajo temporal para gente que parece nacida para historias de terror, abrió la puerta y di mis primeros pasos sobre la tarima del piso, no me hizo falta mucho tiempo para notar la mano demoníaca en el lugar. Sobre la tele, en una estantería se podían observar libros de Albert Camus, Kant, Lope de Vega, y un largo etcétera de grandes autores, sin embargo, justo en el medio… ¡un libro de Dam Brown!, pero eso no es todo, en la sala de estar, junto a una chimenea una pareja de franceses debatían sobre las bondades de los pueblos europeos que limitaban con su país. Obra del demonio, sólo cabe esa explicación. Poco a poco fui recorriendo la escalera que me llevaba al sótano, la hija de los Frener se encontraba en la primera planta, pero había escuchado rumores sobre la gran colección de vinos que poseía la familia y me dispuse a comprobarlo. Una vez en el sótano no encontré los vinos, pero si a un señor de elevada edad que se los había bebido todos, su nombre era Tomás, y aunque me dejó sin vino me narró la historia de su período militar en Denia, Alicante. Perdí una borrachera pero gané un amigo, ojalá todos los exorcismos fuesen iguales. Abandoné el sótano sin mirar atrás, a sabiendas de que Tomás me esperaba allí, tomé dirección hacía la planta de arriba y me puse cara a madera con la puerta de entrada a la habitación de Federico, la hija menor de la familia Frener, apellido que proviene de Alsacia, concretamente de un cubo de la basura de Alsacia. Abrí la puerta y allí estaba, junto a la poseída había una pantalla 3D con tecnología LED y juego completo de reproductor de DVD, audio y un señor de Albacete que te explica el argumento de las películas cuando son un poco encriptadas, tipo Matrix, Origen o Torrente, “culmen” intelectual del cine de humor español. Así que no lo dudé y seguí el protocolo de actuación de mi religión, me dirigí a la poseída y le coloqué el interruptor, que se encontraba en modo diabólico, en modo angelical. Acto seguido me apropié de los bienes audiovisuales y convertí al servicio a mi religión, por supuesto mejor que las de los demás. El mundo puede seguir girando.




¡No te marches sin comentar!

6 comentarios:

  1. mezclar humor con terror, tv con literatura, anterior con presente... qué pasada!!!

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  2. Jajaaj, una joyita! Impecable relato...tambien con un final..feliz?
    Bárbaro tu blog, muy divertido..
    Besos desde el otro lado del charco..

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  3. Muchas gracias a las dos, ojalá hubiese más gente que pensase como vosotras...

    Saludos.

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  4. Un relato interesante que atrapa a medida que te vas internando en la lectura.
    Buena narrativa.
    Genera misterio y cierto temor que se disipa cuando surge la pincelada de humor.
    Muy bueno!

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  5. mezclar humor con terror, tv con literatura, anterior con presente... qué pasada!!!

    Jajaaj, una joyita! Impecable relato...tambien con un final..feliz?
    Bárbaro tu blog, muy divertido..
    Besos desde el otro lado del charco..
    ___________________

    Bien, creo que he dejado claro que tu "ojalá hubiese más gente que pensase como vosotras..." ya tienes su respuesta ¿no?. Lo que pasa es que intervenimos sólo fugazmente; es eso, Gincrispi.

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  6. A Carmela y Jhon Reds: Gracias por pasaros y dejarme esos cometarios tan alentadores, que sepáis que me váis a tener que aguantar durante muchos más textos... :)


    Saludos.

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.