jueves, 30 de septiembre de 2010

La runa de la victoria. 1 (uno)



Sólo quedábamos en pie Erik y yo. Después de dos jornadas de conflicto con el pueblo de los pelirrojos oscuros nuestro pueblo había sido casi devastado, edificios, gentes, el bar, una destrucción casi completa. Sólo la empalizada y nuestra voluntad mantenían al margen de nuestro territorio al enemigo. Ulaf, jefe del pueblo de los pelirrojos oscuros, pensó en una solución rápida y casi aséptica para poner fin al conflicto. Su mejor hombre, Umaf “El grande”, se enfrentaría al mejor soldado de nuestro pueblo que permaneciese en pie. De ese soldado se decía que era tan grande que pidió la emancipación del término municipal donde vivía para establecerse como referencia geográfica propia, todo un coloso…

Vaiki: No voy a pelear con ese tipo Erik, me gustaría llegar a viejo y tener una casa con porche donde poder sentarme con mi mujer, mi abogada, mi enfermera, mi quiropráctica y mis tres amantes.

Erik: ¡Así no vamos a ganar la guerra!, ¿no ves qué el destino de nuestra civilización está en tus manos?

Vaiki: ¿¡Llamas a esto civilización!? Nos lavamos la cara en una sola palangana todos los hombres del pueblo sin cambiar el agua. Además… ¿Por qué tengo que ir a pelear yo? Apenas quedan diez siglos para la premiere de Casablanca y no me la quiero perder.

Erik: Yo ostento un puesto diplomático, soy parte del cuerpo político de nuestro pueblo. Si me ocurriese algo el organigrama de mando quedaría descabezado.

Vaiki: El que terminará descabezado soy yo si acudo a la pelea. Además si me pasa algo no tendrás a quien robar con tus abusivos impuestos, tampoco tendrás a quien vender las tres mil quinientas viviendas que estás construyendo al lado del abrevadero.

Erik: En eso tienes razón, creo que mi economía se vería resentida si acaban con la mitad de la población del pueblo.

Vaiki: Tu tienes facilidad de palabra, deberías salir y hablar con ellos.


Tras un breve espacio de tiempo Erik reflexionó y aceptó cruzar su labia con la del máximo mandatario del ejército rival.

Erik: Estimado Ulaf, ¿no piensas qué deberíamos resolver nuestras diferencias mediante el diálogo?

Ulaf: ¿Diálogo? Me da igual la forma, pero hay que poner fin a este asunto cuanto antes, tenemos los caballos en zona azul.

Erik: He notado un cierto aire de hostilidad en vosotros, estarás conmigo en que cuatrocientas noventa y ocho muertes en dos días no son del todo normales…

Ulaf: Bueno… si yo te contase… Mi mujer quiere cambiar la paja de la choza por una de un color blanco roto. Mi hijo, el pequeño, ha suspendido cuarto de hacha de guerra, un infierno… un infierno…

2 comentarios:

  1. Héroes eran los de antes, aunque se retrate un tinte de civilización incursionar en la faena del dialogo denota cierta cobardía la de este pueblo, no como el gran Ulaf que a pesar de sus miserias y contratiempos deja apostados sus caballos en la zona azul jajaja.

    Extraordinario relato, es usted un hacedor de sonrisas.

    Un fuerte abrazo!

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  2. Y cómo será la próxima parte? Dialogarán? Se ayudarán a cambiar las pajas mutuamente? Quedará sin cabeza Erik?
    Quiero creer que no sos machista, Gin..según alcanzo a leer entre líneas al quejoso de Ulaf, no?
    (se me caería un ídolo!!)
    Besos desde el otro lado del charco..

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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.