jueves, 22 de julio de 2010

Villano de medianoche. Fin.

...especial. Cuando comprobé que mi situación era desastrosa acudí a buscar la ayuda de mi fiel compañero de fechorías, pero llegaba tarde, la crisis no le había sido ajena y Cara Póker no tuvo otro remedio más que volver al negocio familiar que su padre regentaba en el pueblo del que era oriundo. Una carpintería metálica sería el flotador de mi compañero, ¿pero qué haría yo?, yo no tengo estudios ni una herencia mercantil en la que apoyarme, si ya me lo decía mi madre: “Hijo mío no hay tanta distancia entre un súper villano y un banquero, termina tus estudios”. Pero yo no quise hacerlo y me veía en esta situación. Tenía que mantener a una cuadrilla de secuaces y pagar la factura de la luz del rayo de la muerte con el que intenté destruir a Amaya Montero, así que comencé a mandar mi currículum a todas las empresas de trabajo temporal de la ciudad. Tenía esperanza y esperaba una llamada de trabajo. Sin embargo parecía que un súper villano con más de quince años de experiencia en el mal no tenía cabida en la sociedad laboral actual. Poco fotogénico para ser político y con demasiados escrúpulos para ser abogado, esas eran las respuestas más frecuentes que escuchaba en las entrevistas de trabajo.

Al no encontrar trabajo comencé a tener problemas internos, no paraba de darle vueltas a todo, a mi situación económica, a mi falta de adaptación social, al perchero que había en la entrada de mi guarida... Mi cabeza estaba desordenada y el desequilibrio estaba a punto de llegar, mi Superyó no quería hacer la cama y por tanto el Ello no fregaba la loza después de cada comida, era una situación insostenible.

Al conflicto mental se unió en poco tiempo el estómago, que afirmaba que sin asistencia culinaria no movería ni un sólo dedo, así que me tumbé en el sofá que robé en casa de Elisabeth Taylor, la de mi Taylor is rich, y dejé que sonase el gramófono que robé en casa de Jhon Void, el de Angelina Jolie. Poco a poco el salón se fue inundando de notas musicales y agua, así que cerré la llave de paso y seguí con la escucha musical. Everybody's talking at me, así empezaba la letra de la canción de Harry Nilson. Esa melodía me hizo reflexionar sobre lo bien que siempre me había quedado el traje de lycra negra y las miradas furtivas que recibía cada vez que atracaba con esa indumentaria el hogar del pensionista. Debido a esto decidí hacer de tripas corazón y del corazón una cuenta bancaria para dedicarme a curar la enfermedad social más antigua del mundo, armado con mi sombrero de cowboy y mi traje de lycra negra… Everybody's talking at me… I don't hear a word they're saying… Only the echoes of my mind…



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El Jes Extender es el opio del pueblo.
Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.