martes, 22 de junio de 2010

William Freud alrededor del mundo. Episodio 2.

Una vez llegado a Mauritania comenzó mi aventura en tierra firme, al poco de desembarcar me alisté en una expedición de arqueólogos británicos que tenían como objetivo investigar la tumba de un faraón egipcio. Al parecer era el mausoleo de un importante monarca, se estima que durante su reinado se construyeron al menos diez pirámides de protección oficial y un sin fin de mejoras sociales; como la reducción del peso a transportar por cada esclavo a dos mil kilogramos, la utilización de vendas biodegradables a base de fécula de patata para las momias, jornada de dieciséis horas y prestación social para todo aquel que perdiese un tercio de su masa corporal en horas de trabajo. Tardamos unos días en dotar a la expedición de todos los enseres necesarios para partir, una vez preparados tomamos rumbo hacía el delta de Nilo, lugar donde la expedición tendría que llevar a cabo sus estudios sobre el faraón, cuyo nombre no os puedo desvelar porque nunca nos han presentado. Comenzamos a cruzar la meseta del Adrar liderados por el profesor Chung Van mal, los mares de arena y la pesadez de los rayos del sol sobre nuestros hombros empezaron a levantar las primeras dudas sobre nuestra indumentaria. El profesor eligió para cruzar el desierto unos trajes de payasos, pródigos en flecos en piernas y brazos, además de un maquillaje facial donde el color negro era el protagonista, cuando todas las expediciones con las que nos habíamos cruzado se habían decantado por trajes de payasos sin flecos y un maquillaje más claro, amén de no utilizar la naricilla roja, que aunque nos proporcionaba horas de divertimento a lomos de los camellos impedía nuestra correcta respiración. Hicimos un alto en el camino en el oasis del Terjit, donde sus aguas cristalinas, la brisa nocturna y el encanto del desierto dieron alas a nuestra imaginación permitiendo al grupo la representación de “El Fantasma de la Ópera” y “Siete novias para siete hermanos”, aunque después de la segunda representación el agotamiento hizo acto de presencia, y además de obligarnos a guardar silencio, precipitó nuestra presencia sobre la yacija. A la mañana siguiente retomamos nuestro rumbo a El Cairo, pero eso os lo seguiré contando en el día de mañana...

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Al salir cierra la puerta que se escapa el gato.